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Conoce a la ceramista que juega con la gravedad

Atraída por las siluetas orgánicas que encuentra en la naturaleza y también en el cuerpo humano, Zhu Ohmu explora a través de la cerámica la relación entre el hombre, la máquina y la ecología en el mundo contemporáneo.
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La vida ha llevado a Zhu Ohmu por distintos escenarios: originaria de Taipéi, en Taiwán, emigró a Nueva Zelanda y, finalmente, a Australia. «Llevo produciendo arte desde que tengo memoria: una vez, una compañera de la escuela me cambió el anillo de oro de su mamá por uno de mis dibujos; mi mamá me hizo regresarlo al día siguiente», recuerda la ceramista. 

Ohmu se graduó en el Elam Schoolof Fine Arts con honores en 2011, encontrando una conexión profunda con los materiales a través del tacto. «Comencé a recolectar plantas e hice macetas amebianas pellizcando arcilla secada al aire. Me sentí renovada por los sentimientos estimulados de una conciencia cinestésica al desarrollar la forma, así nació mi práctica con la cerámica», explica.

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Imágenes cortesía de la artista.

La artista elabora vasijas de siluetas desbordantes, que recuerdan el proceso mecánico de la impresión en 3D, solo que hechas a mano. «Surgieron intuitivamente así —caídas, torcidas—; las formas parecen fluir y descender hacia adentro. Dictadas por el peso de la arcilla húmeda, estas vasijas a menudo son empujadas a sus límites estructurales y muchas han colapsado», afirma.

A través de la experimentación, la artista desarrolló un nuevo lenguaje que ninguna máquina es capaz de sustituir. «Experimento con un espaciode transición, donde la arcilla vacila entre la forma y lo amorfo». Como jamás tuvo un entrenamiento formal como ceramista, se enfrentó al trabajo con una filosofía que se podría aplicar a la vida misma: «sin cuidado, las cosas se desmoronan». 

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Imágenes cortesía de la artista.

Tras varias fracturas en sus primeras obras, adoptó la filosofía japonesa del wabi-sabi, que «significa abrazar las imperfecciones de las cosas, la belleza de lo irregular y lo deteriorado». Aceptando de manera radical aquellas cualidades que componen la historia de un objeto, tiempo después incluyó en su trabajo la filosofía japonesa del Kintsukuroi, el arte de arreglar la cerámica rota con laca dorada. «Las fallas no se ocultan sino que se destacan y estilizan, encarnando la sostenibilidad de la reparación visible».

También es la fundadora de Women In Contemporary Art desde 2013, plataforma en línea que promueve las obras de mujeres artistas. Próximamente, tendrá su primera exposición individual en la Gallery Sally Dan-Cuthbert, en la ciudad de Sidney, Australia.

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